Gramsci: ¿Hegemonía sin coerción?

Gramsci: ¿Hegemonía sin coerción?

Carlos Lincopi, Militante de Juventud Guevarista-Chile

“Lo principal en el oportunismo es la idea de la colaboración entre las clases”

Vladimir Ilich Ulianov

 

En esencia, el marxismo es una teoría de la rebelión de los pueblos, es una guía para la acción revolucionaria y una teoría crítica de la sociedad de clases. Es un proyecto y una concepción de mundo. Es abiertamente radical y reclama el protagonismo histórico de la clase obrera. Ya en el Manifiesto Comunista Carlos Marx indicaba que los comunistas se proponen derrocar por medio de la violencia el régimen de explotación de clase y, siendo más enfático aún, consideraba indignos a quienes pretendían desconocer este principio.[1]

El rol de los comunistas, sería pues, educar al proletariado e indicar un camino a construir para la victoria de la revolución socialista. En ese sentido, resulta un deber y una necesidad insoslayable señalar y ser enfático en el carácter hostil y antagónico que asume la lucha entre las clases. En el propio Manifiesto, Marx indicaba que en la sociedad de clases esta guerra puede permanecer oculta, pero que en ocasiones sale a la luz y la confrontación de clases se desarrolla de forma franca y abierta.[2] La contradicción entre el Capital y el Trabajo es, pues, una contradicción de carácter antagónico, y esto significa que los polos tienden al aniquilamiento mutuo. Ha sido la historia la que se ha encargado de demostrar de forma testaruda este principio del desarrollo histórico. Podríamos dar muchos ejemplos de ello, sin embargo, nos basta con señalar el Golpe de Estado de 1973 para demostrar la actitud brutal y violenta que asumen las clases dominantes cuando sus privilegios de clase comienzan a peligrar.

Se ha intentado, mediante idealismos pequeño-burgueses,  desconocer el rol de la violencia en la historia, negando por todos los medios el legítimo uso de la violencia por parte de los explotados y oprimidos para liberarse de las cadenas que lo atan a la explotación de clase. ¡Y es que a todos nos gustaría que el conflicto de clases se resolviera de forma pacífica! Pero esto no es así, no podemos confundir lo que nosotros deseamos con lo que realmente acontece en la realidad. En esos intentos de carácter idealista, se ha intentado tergiversar y mutilar el pensamiento de cientos de revolucionarios en la historia, hasta volverlos inofensivos para la burguesía.

Antonio Gramsci no se ha salvado de este aniquilamiento al pensamiento revolucionario. De hecho, Gramsci es una brutal víctima de la mentira, la tergiversación y la fragmentación de su teoría. El rumor divulgado por las aulas de la socialdemocracia y el reformismo reza más o menos así: “Gramsci nos ha legado una teoría que nos permitirá expropiar a la burguesía de forma totalmente pacífica”. Por su parte, el actual secretario ideológico del FSLN[3] ha afirmado que es necesario “construir lo que en términos gramscianos es la hegemonía cultural, que viabilice el cambio de sistema por la vía pacífica y democrática, considerada como única posible en las actuales condiciones de la democracia representativa…”.[4]

Estimamos que la fuente del error está dada por la carencia de un análisis dialéctico de la realidad y las relaciones sociales de producción y la lucha de clases que se desarrolla en su seno. En efecto, la sociedad sólo puede ser comprendida como totalidad histórica por un lado, y por otro, como totalidad en el sentido de influencia recíproca de múltiples relaciones sociales. Es decir, la “hegemonía” no existe al margen o fuera de la lucha de clases, sino inserta de forma activa y dinámica en el corazón de la misma.

Hegemonía es –para Gramsci– la “dirección intelectual y moral” que desarrolla una clase o grupo sobre el resto de la sociedad, sin embargo, es enfático en señalar que esa hegemonía está siempre “acorazada de coerción”. Esto quiere decir, que la explotación de clase se sostiene sobre dos relaciones fundamentales que se desarrollan de forma articulada con las relaciones de producción:

1)     Relaciones de hegemonía (dirección ideológica, intelectual y moral)

2)     Relaciones de fuerza (violencia y coerción)

Este tipo de relaciones existe en todo momento, sin embargo, el protagonismo de una y otra, depende fundamentalmente de la fase por la cual atraviesa la lucha de clases. Con ello nos referimos al estado en que se encuentra la contradicción: 1) contradicción en su fase de atenuación o; 2) contradicción en su fase de polarización.

En otras palabras, cuando los medios de dirección ideológica – como la radio o la televisión – construyen hegemonía, los medios de coerción y violencia – como las Fuerzas Armadas o la Policía – no dejan de existir, no se diluyen por obra de magia sino que están en permanente construcción y reforzamiento técnico e ideológico. Esto, que en una perspectiva de carácter inmediato o coyuntural pareciera un problema abstracto, se vuelve concreto al ponerlo en contacto con la historia. En ese sentido, Gramsci destacaba la necesidad de teorizar sobre la historia[5], de comprender el flujo de su movimiento, y a partir de esto, desprender las tendencias generales del desarrollo histórico.[6]

El análisis de las tendencias generales –o leyes dialécticas– nos permiten comprender el desarrollo de ciertos fenómenos y el comportamiento de las clases en diferentes escenarios. La utilidad práctica de ello reside en las posibilidades de previsión del futuro o devenir histórico en base a un análisis de las contradicciones concretas que se desarrollan en la sociedad de clases. A partir de esta perspectiva Gramsci plantea que “cuando la acción del proletariado amenaza con su desarrollo las bases del privilegio de la clase dominante, esa clase emprende sin vacilaciones y a todo costo la defensa de su propia existencia, de su propio dominio. Así se inicia un período de inevitable guerra civil, en la que tiene supremacía la clase que mejor y más rápidamente logra advertir la real situación y, que entonces, apresta los medios adecuados para superarla.”[7]

Gramsci se aleja bastante de las concepciones de carácter idealista que pretenden subsanar el conflicto de clases – única y exclusivamente – por medios pacíficos. De ello, desprendía a su vez los problemas generales de la lucha de clases, la necesidad de construir una estrategia de poder y una organización apta y capacitada para desarrollar la redención del proletariado utilizando variadas formas de lucha.

En los escenarios de polarización de las contradicciones de clase –violencia abierta entre las clases– la burguesía cuenta con una herramienta de carácter político-militar que le permite una superioridad cuantitativa y cualitativa en la confrontación: el Estado. Al respecto, Gramsci señalaba: “La burguesía no tenía necesidad de aprestar medios enteramente nuevos ante la lucha violenta y sin cuartel, y tampoco necesitaba crear de la nada un aparato de defensa: la burguesía tenía a su disposición el poder del estado, con su fuerza armada, con todas las formas del poder ejecutivo (ejército, policía, magistratura).[8]

La violencia es, en definitiva, un elemento cualitativo que tiende a definir la victoria o derrota del proletariado. Es decir, es un elemento de correlación de fuerzas entre las clases en pugna. Antonio Gramsci, como teórico del movimiento obrero comprendía perfectamente esta cuestión y señalaba que para el análisis de las situaciones políticas era preciso determinar:

1)     Las condiciones objetivas: que dicen relación con la estructura, con elementos que existen independientes de la voluntad de los hombres y que pueden medirse por las ciencias exactas. Y a partir del grado de desarrollo de las fuerzas materiales de producción, comprender cabalmente los grupos y clases sociales que existen en una sociedad dada.

2)     Las condiciones subjetivas: los niveles de organización, de homogenización y conciencia de las clases.

3)     Las condiciones militares que vendrían a ser las “inmediatamente decisivas” en cada caso.[9]

Antonio Gramsci, fue Secretario General del Partido Comunista Italiano durante 1924 y 1927 y murió en 1937. En 1919, había sido creada la Internacional Comunista –por iniciativa de Lenin– para dirigir y conducir la revolución internacional. En ese sentido, la revolución bolchevique ejerce una influencia importante sobre el movimiento comunista internacional, lo cual se traducirá en la adopción de una estrategia de poder de carácter insurreccional, esto significa –en esencia– pretender apoderarse de una fracción importante del ejercito burgués para convertirlo en un ejército rojo de carácter revolucionario.

En el marco de la estrategia insurreccional, Antonio Gramsci desarrollaba el concepto de “coyuntura estratégica”, con el cual busca referirse a uno de los niveles de análisis de las correlaciones de fuerza: a los “grados de preparación estratégica de las condiciones en un escenario de lucha”, determinados fundamentalmente por el grado de preparación del personal dirigente y las fuerzas que pueden ser movilizadas a la primera línea de combate.[10] La importancia de la preparación estratégica sería:

1)     Abre la posibilidad de triunfo de fuerzas cuantitativamente inferiores.

2)     Tiende a reducir a cero los “factores imponderables”, es decir, permite determinar la conducta y reacción de las fuerzas antagónicas.[11]

En ese sentido y en coherencia con su perspectiva insurreccional, Gramsci agregaba que era conveniente construir una organización militar en el seno del ejército nacional.[12] Es necesario señalar que intentos insurreccionales se desarrollaron durante todo ese periodo, en Reval (1924), en Hamburgo (1923), en Cantón (1927), en Shangai (1926 y dos intentos en 1927), entre otros, todos ellos fallidos. Las revoluciones triunfantes que se desarrollarán más tarde – durante el siglo XX – se sustentarán en la construcción de fuerzas militares propias o independientes del Estado burgués, son los casos de Vietnam, China, Argelia, Cuba, Nicaragua, Granada, entre otras.

Estimamos que si bien Gramsci no alcanzó a vivir y teorizar sobres los procesos posteriores, sí fue capaz de adelantar herramientas teóricas que nos permitieran actualizar y reactualizar la estrategia de poder, es por ello que señalaba que las victorias políticas y militares, dentro de ciertos límites, tienen un valor permanente y universal, y el fin estratégico puede ser alcanzado de modo decisivo con efectos generales para todos.” [13]

El movimiento obrero debe aprender de su historia, de sus aciertos y errores, debe procurar comprender a su enemigo de clase, pues esos serán elementos indispensables para su proceso de reconstrucción orgánica e ideológica. El golpe de Estado liderado por Pinochet en 1973, no era un elemento que la teoría revolucionaria –el marxismo-leninismo– no hubiese previsto, el propio Gramsci señalaba que los gobiernos militares eran un paréntesis entre dos gobiernos constitucionales, una reserva del orden y una fuerza política que opera de forma abierta y pública cuando la “legalidad” está en peligro.[14]

En conclusión, es posible señalar: 1) constituye una mentira absoluta el plantear que Gramsci hubiese desarrollado una teoría que nos permitiera desarrollar una revolución socialista por medios absolutamente pacíficos; 2) en la perspectiva estratégica de Gramsci, la acumulación de fuerzas tiene un doble carácter: ideológico-cultural y militar; 3) la violencia es para Gramsci el elemento decisivo en la lucha de clases; 4) constituye una necesidad de la izquierda, poder  articular y crear hegemonía obrera a la vez que se preparan condiciones para desarticular las relaciones de fuerza y dominación de la burguesía.

Esperamos que este humilde artículo sea suficiente para dar pie a más y mayores análisis sobre el pensamiento revolucionario de Antonio Gramsci. Además, esperamos que este trabajo sea lo suficientemente adecuado para barrer con las mistificaciones socialdemócratas y reformistas que han pretendido y pretenden encontrar en Gramsci un teórico adecuado a sus posiciones de conciliación de clases.

[1] Marx, Karl; Engels, Friedrich. “El Manifiesto Comunista”, Terramar Ediciones, La Plata, 2008, p. 56

[2] Ibíd., p. 19

[3] Frente Sandinista de Liberación Nacional

[4] América Latina hoy: ¿reforma o revolución?, Ocean sur, 2009, p.106

[5] Gramsci, Antonio. “Notas críticas sobre una tentativa de “ensayo popular de sociología”. Disponible en:  http://www.gramsci.org.ar/TOMO1/indicetomo1.htm

[6] Ibíd.

[7] Gramsci, Antonio. “El Partido Comunista y los sindicatos”. (29 de enero de 1922, resolución propuesta por el Comité Central para el II congreso del PCI)

[8] “El Partido Comunista y los sindicatos”. (29 de enero de 1922, resolución propuesta por el Comité Central para el II congreso del PCI)

[9] Gramsci, Antonio. “Análisis de situaciones. Correlaciones de fuerzas.” Disponible en:  http://www.gramsci.org.ar/

[10] Gramsci, Antonio. “De: observaciones sobre algunos aspectos de la estructura de los partidos políticos en los periodos de crisis orgánica”.

[11] Ibíd.

[12] Ibíd.

[13] Gramsci, Antonio. “Notas críticas sobre una tentativa de “ensayo popular de sociología””. Disponible en:  http://www.gramsci.org.ar/TOMO1/indicetomo1.htm

[14] Gramsci, Antonio. “De: observaciones sobre algunos aspectos de la estructura de los partidos políticos en los periodos de crisis orgánica”.

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