La literatura como una herramienta política

 

LA LITERATURA COMO UNA HERRAMIENTA POLÍTICA

 La literatura como una herramienta política en PDF

“El tratamiento dialéctico de la cuestión, y con ello llego a nuestro asunto,

nada puede hacer con cosas pasmadas, aisladas: obra, novela, libro.

Tiene que instalarlas en los contextos sociales vivos”

 Walter Benjamin

Camila Álamos Mubarak

Militante de Juventud Guevarista – Chile

Se suele pensar que la literatura tiene que ver únicamente con ficción, en parte, porque la teoría para su estudio, así lo indica. Sin embargo, y por suerte, la literatura también cuenta con intelectuales comprometidos que han de ver en ella una herramienta más de lucha revolucionaria. Quienes nos declaramos socialistas, no podemos, por tanto, descuidar esta importante área, debemos nutrirnos de ella, ya por el goce que nos proporciona una buena lectura, como por todos los indicios históricos a los que las letras nos pueden remitir.

En cierto sentido, al llevar una historia al papel, por muy verídica que esta sea, podríamos hablar de ficción. Más, no podemos desatender el importante rol que las letras juegan a la hora de narrar una historia que difícilmente hallaremos en fuentes de estudio oficiales: la de los perdedores. Y no hablamos de los perdedores en un sentido peyorativo, sino todo lo contrario. Hablamos de nuestra clase, la clase obrera, relegada por siglos y siglos a cumplir el papel de los dominados y explotados. Entendamos entonces a las obras literarias como una posibilidad de contar nuestra versión de los hechos, y no aquella que se enseña en las escuelas a través de los textos de Santillana.

Tal vez parezca que nos aventuramos demasiado si proponemos un cambio radical en los textos que nuestros niños y jóvenes han de leer a modo de lectura complementaria en sus años de formación escolar, pero más bien, me parece que constituye un enorme deber y desafío para los profesionales revolucionarios insertos en el área de la educación. El cambio en las mallas curriculares se hace necesario, puesto que las lecturas pertinentes al estudiantado deben ser aquellas que lo hagan acercarse a conocer el mundo tal y como es, permitiéndole reflexionar respecto a la injusticia, la desigualdad, haciéndole tomar consciencia de las contradicciones y agudizando su reflexión en torno a las diferencias entre una y otra clase. Autores como Manuel Rojas, Pablo de Rokha, Nicomedes Guzmán, Juan Radrigán, entre otros, deben ser reconocidos y reflexionados por los niños y niñas de nuestra clase.

Lo anterior cobra relevancia cuando comprendemos que el estudiante, al ahondarse en tales páginas, podrá asociar las injusticias de su realidad contemporánea, con las representadas por estos autores, identificando problemáticas que aún no se encuentran extintas. Si ven la pobreza y la explotación -que es su causa-  en las historias descritas por uno u otro escritor, serán capaces de establecer el símil con la situación actual de las cosas. Si estas lecturas son, además, guiadas por una metodología que contribuya al análisis crítico de las situaciones, serán aún más fructíferas. Esta es la importancia de difundir a los autores de literatura clasista en nuestras aulas.

Walter Benjamin, intelectual revolucionario, ya habló hace mucho sobre la importancia de la reivindicación de aquellos autores que trabajan como productores del pensamiento, trabajando su talento en función de la lucha por el socialismo. Hoy, nos interesa hablar de su propuesta, tanto para rescatar a aquellos escritores que vieron en la literatura un arma válida para la lucha, como para enfatizar la importancia de que nuestros nuevos intelectuales puedan llevar a cabo una literatura que cumpla con una característica fundamental: agudizar la consciencia y motivar las verdaderas transformaciones que la clase trabajadora requiere.

Benjamin es enfático al trazar la idea de que la calidad literaria, se mide, en primera instancia, según la tendencia que esta tenga. En términos simples, una obra que emerge desde la creatividad de un burgués, será considerada por el revolucionario, como un trabajo carente de calidad, puesto que el ideal promulgado, será concerniente a nuestra clase enemiga. Muy por el contrario, aquello que sea escrito por un intelectual cuya perspectiva es revolucionaria, poseerá para nosotros, una mayor calidad. Sin embargo, es claro al aseverar que la tendencia es necesaria –pues deja entrever el compromiso político del autor- pero nunca, suficiente por sí sola. La siguiente cita es altamente clarificadora respecto a ello:

La tendencia sola no basta […] Claro que las opiniones importan mucho, pero la mejor no sirve de nada si no hace algo útil de quienes las tengan. La mejor tendencia es falsa si no enseña la actitud con la que debe ser seguida. Y dicha actitud sólo la puede enseñar el escritor cuando hace algo: a saber, escribiendo. La tendencia es la condición necesaria, pero jamás suficiente, de una función organizadora de las obras. Esta exige además el comportamiento orientador e instructivo del que escribe. Y eso hay que exigirlo hoy más que nunca. Un autor que no enseñe a los escritores, no enseña a nadie. Resulta, pues, decisivo el carácter modelo de la producción, que en, primer lugar, instruye a otros productores en la producción y que, en segundo lugar, es capaz de poner a su disposición un aparato mejorado. Y dicho aparato será tanto mejor cuanto más consumidores lleve a la producción, en una palabra, si está en situación de hacer de los lectores o de los espectadores colaboradores. (El autor como productor)

Vemos entonces que la propuesta realizada por Benjamin, nos habla acerca de un intelectual que, haciendo mención de las luchas que involucran a la clase, vaya mucho más allá de una función contemplativa, de recreación. La literatura revolucionaria, debe serlo no tan sólo en la medida de que muestra la realidad de la lucha de clases, no es meramente una literatura expositiva. Debe por tanto, generar un nivel de identificación tal, que convierta al lector en un colaborador de los fines revolucionarios. En esta obra, el autor no es un simple escritor, es un productor, y como tal, debe ordenar los elementos del lenguaje con el propósito de que el lector se convierta en un nuevo aliado.

Existen autores, a nivel mundial, que cumplen con tales características, y nosotros, debemos reivindicarlos en base a su compromiso político, pues también contribuyen a nutrir nuestras luchas. Si nos interiorizamos en el producto intelectual de los escritores clasistas, veremos con total claridad el error generalizado de creer que la literatura no sirve para nada. Nuestra clase trabajadora, cuenta en Chile y en el mundo entero, con intelectuales a su servicio: conozcámoslos, reivindiquémoslos, y eduquemos a nuestros niños y niñas en su lectura, acercándolos a las problemáticas que nos atañen no tan sólo desde la historia convencional. Así, confirmaremos que la literatura clasista y revolucionaria, es también una buena guía para la acción.

 

 

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